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La dieta proteinada es altamente eficaz
para el tratamiento del sobrepeso.
En IML los pacientes realizan la dieta proteinada bajo control
de un médico especialista en endocrinología.
La dieta proteinada ayuda a corregir desórdenes
metabólicos de forma simultánea a la pérdida de peso.
La dieta proteinada debe realizarse
bajo control médico.
La Unidad de Endocrinología y Nutrición de IML
ofrece dietas personalizadas para la pérdida de peso.
  

Susceptibilidad individual para desarrollar obesidad

Un determinado estilo de vida que favorece un balance energético positivo produciría, en individuos susceptibles, una predisposición incrementada al desarrollo de obesidad (factores obesógenos).

La herencia genética es responsable del 30% de la obesidad de un individuo

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Susceptibilidad genética

Diferentes estudios en familias obesas, gemelos y adopciones han demostrado que la herencia genética sería responsable del 30% de la obesidad de un individuo y sería, también, parte responsable de la cantidad de grasa abdominal hasta en un 50-60%.

No se conocen todos genes implicados, ni cómo actúan e interactúan pero parece que la susceptibilidad genética podría influir en el control del peso corporal de diversas maneras: tendencia a un bajo nivel de metabolismo basal, bajo nivel de utilización de grasas por el organismo, pobre control del apetito, sensibilidad a la insulina disminuida, propensión a la actividad física espontánea, composición muscular, etc. 

Las variaciones genéticas individuales pueden alterar el modo en que los nutrientes son asimilados, metabolizados, almacenados, o excretados por parte del organismo, pero es más, los propios nutrientes pueden modificar la expresión génica, haciendo que determinados genes (algunos portadores de enfermedad) lleguen a expresarse o no.

En definitiva, los genes (que conforman nuestra condición humana, que no se han modificado desde la etapa del Paleolítico) presentan variaciones individuales (aunque sólo un 0,1% del genoma humano presenta diferencias entre los individuos) que podrían justificar las diferentes formas de enfrentarse con un medio hostil que tenemos unos y otros (así, ante una misma trasgresión dietética unos enferman antes que otros).

Susceptibilidad no genética

Sexo:

En la mujer una serie de procesos fisiológicos contribuyen a un mayor depósito de grasa y son fundamentales para mantener la capacidad reproductiva. En la pubertad las mujeres muestran una preferencia por el consumo de carbohidratos mientras que los varones prefieren el consumo de proteínas. Posteriormente, se incrementa el consumo de grasas en ambos sexos, pero es más precoz e intensa en las mujeres.

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Raza:

Existen varios grupos étnicos que tienen una especial susceptibilidad al desarrollo de obesidad cuando se exponen a un ambiente dietético inadecuado. Esto es debido a que también el medio ambiente modifica la propia expresión génica. Entre éstos destacan los indios Pima de Arizona y aborígenes australianos, asiáticos americanos, nativos de Alaska y de las islas del Pacífico cuando abandonan su estilo de vida tradicional a favor de una dieta y vida sedentaria propia de la sociedad industrializada. Hay otros factores que influyen en la aparición de obesidad en minorías de los países desarrollados (como afro-americanos y gitanos), donde los mayores índices de obesidad aparecen en las clases sociales más pobres ya que los alimentos ricos en grasas son más baratos.

Etapas de la vida:

La nutrición durante la vida intrauterina influye en el tamaño, composición, distribución corporal y capacidad para la utilización de los nutrientes en la vida adulta.

Tras el nacimiento, después de un aumento del peso corporal durante el primer año, el índice de masa corporal disminuye para aumentar nuevamente en el periodo conocido como de rebote adiposo (4 a 8 años), en los niños en los que el rebote aparece más pronto hay un mayor riesgo de obesidad persistente.

En la pubertad, las mujeres acumulan más masa grasa que los varones, aunque en éstos el acúmulo se hace de preferencia abdominal. El peso suele incrementarse en las mujeres tras los sucesivos embarazos, aunque depende del peso ganado en la gestación. 

La menopausia afecta a la ingesta y el consumo energético, sobre todo por disminución de la actividad física.

Otras situaciones: dejar de fumar, el consumo de alcohol, determinados fármacos, etc.

El abandono del hábito tabáquico suele producir un incremento de peso, sobre todo en los fumadores importantes (>15 cigarrillos/día), por un menor gasto energético y mayor ingesta para compensar la abstinencia.

 La nutrición durante la etapa fetal influye en la composición corporal

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El consumo de alcohol provoca incremento de peso (sobre todo de grasa abdominal) porque la grasa de los alimentos es acumulada al no ser utilizada por el metabolismo, sin embargo el alcoholismo crónico suele producir bajo peso por déficit alimenticio total.

El uso de forma mantenida de diversos fármacos promueve la ganancia de peso: antidepresivos tricíclicos, litio, sulfonilureas, insulina, beta-bloqueantes, ciertos anticonceptivos, corticoides, anticonvulsivantes y neurolépticos, entre otros.

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